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Crimen de Barbados: terrorismo sin castigo

Miguel Lozano

 A 32 años de la voladura de un avión civil en ruta de Caracas a La Habana, el organizador del crimen, Luis Posada Carriles, vive libremente, mientras familiares de las víctimas aún claman hoy por justicia.
Más paradójico resulta que Posada –quien llegó a Venezuela en 1967 para asesorar a los cuerpos represivos- es amparado por las autoridades de Estados Unidos, auto postuladas líderes en la lucha mundial contra el terrorismo.
En el atentado al avión de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976 murieron 73 personas de varias nacionalidades, incluyendo un equipo juvenil cubano de esgrima con medallas relucientes como prueba de sus triunfos deportivos y sus esperanzas.
Sin embargo, para algunos como el periodista y diplomático venezolano Freddy Balzán, entonces corresponsal de Prensa Latina en Caracas, no es difícil entender por qué el gobierno estadounidense protege al mayor terrorista de América Latina.
Posada, recuerda, llegó a Venezuela por instrucción de la Agencia Central de Inteligencia, torturó y mandó a matar desde su disfraz de "comisario Basilio" en la policía política y toda su actuación fue resultado de la vinculación con el gobierno norteamericano.
Balzán, quien todavía recuerda los rostros felices de los jóvenes que horas antes de viajar a La Habana mostraron en la corresponsalía sus trofeos a los reporteros, considera hoy una brutal injusticia la libertad de la que gozan Posada y sus cómplices.
Aquellos trofeos se perdieron en el mar, cerca de las costas de Barbados, los muchachos nunca llegaron a mostrarlas a sus padres, novias y amigos, pero quedan en el recuerdo de Balzán, como millones de venezolanos siguen recordando a las víctimas.
Una de esas venezolanas que reclama justicia es  Brenda Esquivel que en 1972 sufrió en propia carne la maldad del "Comisario Basilio", empeñado en una lucha sin cuartel contra la izquierda venezolana.
El 3 de junio de ese año Posada se presentó en su casa en La Victoria, estado Aragua, donde se encontraba junto a varios compañeros, tres niños y su hermana Marlene.
De acuerdo con su testimonio, los agentes iniciaron un ataque a tiros con apoyo aéreo, en el cual murieron o fueron asesinados sus compañeros y ella –con ocho meses de embarazo-, su hermana y los niños fueron conducidos a la comisaría.
Brenda recuerda que cuando uno de los policías notó su estado pidió instrucciones a Posada.ÂíAcaba con esa semilla antes de nacer!, fue la orden cumplida mediante patadas en el vientre e intentos de ahogamiento en una bañera.
Las torturas continuaron durante seis meses, tras los cuales ella y su hermana fueron liberadas por un tribunal militar por falta de pruebas.
El artífice de aquellas torturas, Posada Carriles, es acusado de decenas de ataques terroristas, además de la voladura del avión civil, incluyendo la colocación de bombas en hoteles de La Habana que provocaron la muerte a un turista italiano.
Entre otros casos, colocó bombas en embajadas cubanas de México, Argentina y Perú, envió libros bombas a consulados y dinamitó la Embajada de Panamá en Caracas y la misión diplomática brasileña en Ecuador.
A su salida de la policía política venezolana, durante el primer gobierno de Carlos Andres Pérez (1974-1979) prosiguió sus actividades amparado en una supuesta compañía de seguridad en Caracas, desde donde organizó el atentado al avión cubano.
Procesado por ese crimen estuvo preso 10 años en cárceles venezolanas hasta su fuga con respaldo de la CIA y como mínimo la anuencia de las autoridades venezolanas de entonces.
En su libro presuntamente autobiográfico Los caminos del guerrero, Posada ha confesado muchos de sus crímenes y especialmente su vinculación con el gobierno estadounidense:
"En una época nuestros "amigos" norteamericanos nos entrenaron y adiestraron en el uso y manejo de armas, explosivos y técnicas incendiarias".
"Lo que ayer era considerado como un acto de valor y patriotismo llamado "acción y sabotaje", hoy se llama "terrorismo" y se nos persigue y encarcela por los mismos actos".
"Nos entrenaban para invadir Cuba (…) la Agencia Central de Inteligencia infiltraba comandos y saboteadores a Cuba, llevando armas y explosivos".
Por estas y otras revelaciones de su libro no es difícil entender las razones para proteger a un criminal que sabe mucho, tal vez demasiado, de la práctica ilegal de Washington, muy diferente a sus declaraciones de adalid antiterrorista.

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